26 de noviembre de 2010

UNICORNIO, Antonio Dyaz

Unicornio

Unicornio

Sinopsis

“Unicornio” es una historia que se compone de nueve. Pero el tiempo y el espacio que las separan es tan grande que es preciso conceder a cada una cierta autonomía de relato. Narradas siempre por Tatí, el único personaje que trasciende todas ellas. Tatí, el unicornio. La primera refiere su adolescencia, y el suceso que le hizo percibir el mundo de otro modo: Hay otras dimensiones que pueden detectarse y sentirse con ayuda de la tecnología. Tatí se instaló en su propia esfera de información, y comenzó a diseñar la Espora. El tiempo ya no era importante, y sobrevivió a las grandes guerras, porque al final era una entidad uve. Entonces sucedieron muchas cosas, como el experimento de Caribou, con la prometedora Beverly, que después sería conocida como Lady Vapor. Cuando Haw Haw fue inaugurada llevaba muerta mucho tiempo, pero eso no es importante en un mundo uve.

Mientras tanto las colonias se iban extendiendo por el Sistema Solar, esperando la gran oportunidad de realizar un viaje mucho más largo, amenizado por un universo interno, sólo perceptible para los conectados. Esa oportunidad llega con Iceberg, la nave de los doce millones de viajeros.
“Unicornio” reflexiona sobre cómo el vértice extremo de la tecnología es afín a las religiones, y dibuja un futuro muy posible, del cual estamos ahora bosquejando los primeros y torpes trazos. Un futuro donde lo real es lo que se percibe, y donde el mundo uve, o mundo virtual, puede llegar a ser indistinguible del mundo material. “Unicornio” es una epopeya tan breve como intensa, con ecos de autores como William Gibson, Philip K.Dick o William S.Burroughs.
Ya en “Fabius dormido” (Manuscritos.com) el autor flirteaba con esta filosofía: invasión de la tecnología en la carne, experiencias en espacios virtuales, manipulaciones genéticas y sexo; mucho sexo…

Autor

Esta novela enferma de poesía, en la que Antonio Dyaz utiliza la ciencia-ficción para hacer metafísica, nace de la desértica soledad de un ser humano llamado Tatí al que le duele mucho serlo, tanto que necesita convertirse en unicornio como realidad y metáfora de la exclusión a la que desde la adolescencia, por su fealdad o por el simple pecado de existir, le han sometido los otros y después se ha sometido con placer morboso él mismo como un marginado con orgullo aristocrático. Y esa orfandad sentimental y social primigenia deviene en orfandad cósmica, como en Kierkegaard, del que Tatí es un discípulo aventajado. Porque Tatí, como el jorobado y tuberculoso danés, es un filósofo existencialista, aunque se disfrace de libertino, es decir, libertario, o, mejor dicho, por eso mismo.

El sexo como antídoto contra la soledad y la molesta muerte, pero también contra los sentimientos, que humanizan hasta desollar la piel del alma. El único asidero que encuentra la desesperación del personaje narrador es la ritualización de las prácticas sexuales menos recomendadas por la adocenada sociedad. Ellas se convierten en la droga que obra el milagro de la sublimidad, pero sólo fugazmente porque la realidad vuelve a invadirlo todo con sus vulgares y mediocres pezuñas. Entonces, ¿cuál es la manera de escapar ininterrumpidamente de su dolorosa cárcel de finitud y erosión? Tatí, apoyándose en la tecnología, inventa otra realidad, un mundo virtual, no puro, no perfecto –porque las fórmulas matemáticas tienen el inconveniente de disecar la vida–, sino lo suficientemente imperfecto-perverso como para usurpar el papel de Dios y poder estar vivo y muerto a la vez, ser hombre y mujer a la vez, ser humano y no serlo, ser unicornio, a la vez. Para poder cruzar todas las fronteras espaciales y temporales y desatarnos de todas las limitaciones materiales que la vida trae en su manual de instrucciones, y que nos exilian en una cruel impotencia, de la que Antonio Dyaz se libera y nos libera con una prosa hipnótica, carnalmente poética, malévolamente irónica, cínicamente demasiado humana, por momentos pecaminosamente tierna, un mundo virtual hecho de esculpidas palabras que huelen y saben a sexo.

Lean este libro, lo recomiendo con fervor erecto. Este iconoclasta autor merece ser tenido muy en cuenta porque tiene una voz propia, única, inclasificable, y cada obra suya es una joya que se revalorizará con el paso del tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada